INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Desde tiempo atrás, el ser humano ha sido considerado como el último eslabón de la cadena evolutiva, debido a poseer cualidades notables como la inteligencia y el razonamiento, que lo convierten en un ser único.  Pero, y si se lograra ‘emular’ esa inteligencia y razonamiento en una máquina? Acaso sería este el punto de partida para generar una nueva clase de ‘vida’?

Es así, que el afán de la humanidad por comprender la inteligencia humana, ha llevado a generar una ciencia denominada “inteligencia artificial”, cuyos inicios más notables se remontan a poco después de la segunda guerra mundial y denominada así en el año de 1956.

Para determinar correctamente el fin perseguido por la IA, es importante definir lo que se concibe por inteligencia, argumentando así que es “una capacidad especial, y superior a la media de un determinado grupo humano, para realizar determinadas actividades. En ámbitos académicos estaría relacionada con una sobrecapacidad mental para almacenar y procesar información”. Llegando a definir el objetivo de la IA como el intentar simular las actividades cognitivas que posee un ser humano en un sistema informático.

Compuesta de dos enfoques, simbólico y subsimbólico, la IA a llegado a estar presente en gran multitud de campos, que van desde económicos hasta militares, muchas de las veces la IA mezcla el hardware y software para llegar a formar sistemas complejos (robots humanoides) que son la mayor expresión de IA materializada.

En su objetivo de imitar la capacidad humana, se utilizan varios mecanismos, como redes neurales que basadas en “nanochips” replican la corteza cerebral e imitan formas de aprendizaje aún primitivas.

En la actualidad se ha logrado crear sistemas capaces de simular comportamientos humanos, como una conversación, o el crear medios de ‘aprendizaje’ automático y simular ‘recuerdos’ (memoria). Lo que puede llevarnos a preguntar, como podremos medir si un sistema es cada vez más ‘humano’? Esto basado en su ‘inteligencia’ (artificial). Para responder a esto, en 1950 Alan  Turing propone un  tipo de prueba (que lleva su nombre) capaz de medir la capacidad de la máquina para ‘engañar’ a un evaluador humano en una conversación, llegando a superarla cuando el evaluador no logre diferenciar si las respuestas dadas son de una máquina o de un humano.

Si bien la prueba de Turing es ampliamente aceptada, existen argumentos que expresan, que aunque una máquina pase este test, no será inteligente mientras no tenga conciencia de que el conocimiento que genera es conocimiento para ella, como lo menciona el filósofo norteamericano John Searle en su contribución llamada “el argumento de la habitación china“. Aunque hasta ahora ninguna máquina ha superado la prueba, los esfuerzos por interpretar y generar lenguaje humano cada vez son mayores, puesto que la IA es un conjunto de ciencias, de ahí la complejidad de la inteligencia del ser humano para ser imitada.

Los avances que se han venido dando en este campo, han permitido que cada vez más sea posible contar con ‘agentes inteligentes’, que resultan beneficiosos en multitud de situaciones, pero, hasta que punto una máquina puede llegar a ser ‘inteligente’?, Es muchas de las veces la pregunta más común, pues siempre se ha creído que la inteligencia como tal radica solo en el ser humano, y el dilema de saber si el ser humano podrá ser capaz de crear un ser más inteligente que él, es concebida como general en el mundo de IA.

Se cree que esto es posible, pues en poco tiempo la cantidad de transistores en una máquina será igual(o mayor) a la cantidad de neuronas en nuestro cerebro y la velocidad de procesamiento de un computador es ya lo suficientemente rápida como para imaginar todo esto.

Lo que aún queda como pregunta en mí, es hasta que punto se podrá confiar en aquellos nuevos ‘agentes inteligentes’ que ahora realizarán las tareas que antes eran realizadas por seres humanos? Esto debido a que los sistemas de IA son construidos en base a código (programación), un mundo en donde es prácticamente imposible enfrentar todos los posibles casos.

Esto lleva a pensar, muchas de las veces, en aquellas obras cinematográficas con tono apocalíptico, en donde la IA alcanza el punto máximo (tal vez no estéticamente) sino que es común encontrar máquinas con conciencia propia, funcionando a su voluntad, dominando sistemas complejos que causan pánico en las poblaciones. Aunque todo esto no sea más que ciencia-ficción aún cabe la pregunta, hasta que punto se podrá llegar a crear una conciencia propia en una máquina? Y aunque la respuesta va más allá de la inteligencia, es uno de los fines a largo plazo de la IA.

En definitiva, durante ya algunos años, hemos estado interactuando con sistemas IA en varias formas (ej, un bot de charla) y resulta interesante observar como esto ha ayudado en múltiples campos a optimizar tareas antes tediosas, ahora realizadas por sistemas expertos e inteligentes, aunque a la fecha estos aún necesiten o son un apoyo para los seres humanos. La idea es atractiva siempre y cuando no se enfoque a un lado opuesto, dígase la creación de IA como armamento bélico o la creación de sistemas inteligentes capaces de ser inclinados en generar beneficios a cierto sector (como el reemplazo de un corredor de bolsa por un software inteligente)

Al día de hoy, si bien estos avances son notables (aunque aún no tanto como realmente se deseara), uno de los factores que implica su adopción en el mundo es su relación costo-beneficio, puesto que en economías con mano de obra barata la automatización de tareas (inteligentes) resulta ser demasiado lento, haciendo que en el medio, la investigación en esos campos sea prácticamente nula.

La IA es un mundo relativamente nuevo, donde las mayores avances aún estar por venir, dentro de algunos años la interacción con máquinas se volverá algo muy cotidiano y normal, y hasta algún punto necesario, solo espero que nuestro rol no cambie y seamos nosotros los que lleguemos a ser dependientes de las máquinas como ellas son de nosotros ahora.

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